Psicólogo Enrique López Ambía.

En nuestra sociedad ser una víctima es mal visto, es considerado una debilidad, inclusive en los casos de violación las personas que se asumen como víctimas son mal vistas, nuestra sociedad en este sentido tiene un sesgo que hace que las víctimas se avergüencen de su condición.

Particularmente somos duros con aquellas personas que se ven involucradas en abusos emocionales o físicos, ya que el hecho de no cortar con dichos abusos de inmediato se ve como masoquismo (por supuesto equivocadamente).

Es de notar la implicación ética de que si alguien abusa es porque le permitimos abusar, esto lleva consigo la consecuencia de que el abuso es lícito, quien abusa no tiene ninguna obligación de ser respetuoso o empático, la frase podría cambiarse por “si tu lo permites tengo derecho a abusar de ti“, como si el ser vulnerable fuera un permiso para que abusen de uno.

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No es poco común escuchar que somos responsables de que los demás abusen de nosotros, y no en todos los casos es tan simple.

Existen procesos de vinculación emocional que son paulatinos y que van dejando a las personas atrapadas en una distorsión cognitiva, ¿qué significa esto?, que aun cuando podemos percibir el abuso no lo podemos identificar como tal.

Es paradójico que particularmente en las relaciones de pareja se critique a quien se ve involucrado en relaciones de abuso, a veces de abuso mutuo reactivo, en que la dinámica se auto perpetua y uno o ambos simplemente no saben cómo romper con este vínculo tóxico.

El abuso no tiene que ser especialmente violento, puede ser sutil y pernicioso, constante, por medio de descalificaciones no muy claras: “no sabes”, “lo haces mal”, “eres muy exagerada”, “déjalo… lo hago yo”, “no se cuenta contigo”, ‘no eres atractivo”, “eres un fracaso”… son ejemplos de cómo se puede ir degradando la percepción de una persona y metiéndola en una trampa de dependencia/humillación constante, es decir agresiones pasivas o de baja intensidad.

No se necesita ser débil de carácter, no es una cosa privativa de personas inseguras, cualquier persona sujeta a un vínculo ambiguo y refuerzos intermitentes, en que por una parte se establecen estímulos placenteros, planes de vida u otros y por el otro se utiliza dicho vínculo para abusar de forma permanente y generar miedo a la pérdida del mismo vínculo, generan una necesidad, inclusive fisiológica, como en las adicciones a sustancias.

A este tipo de relacionamiento se le llama “ vínculo traumático” y es una manifestación del desbalance de poder en la relación, como mencioné antes, los refuerzos intermitentes, entre el maltrato sutil y los estímulos positivos (actividades familiares, sexo, dependencia económica, estatus social, vacaciones u otros) que hacen que la persona genere una “tolerancia” irracional al maltrato, es decir vive un “vínculo traumático”.

De acuerdo con el Dr Iñaki Piñuel (Piñuel, 2016) un vínculo de este tipo ocurre cuando existen:

  • Una lealtad ajena a la lógica y al sentido común.
  • Una incapacidad de desvincularse o adicción al perpretrador.
  • Una ingenuidad y negación de la realidad que resulta autodestructiva.

Romper estos vínculos es muy complicado, criticar a una persona como el responsable del abuso que sufre, es no solo injusto, sino cruel, ya que ha vivido un proceso en el cual sus defensas y sentido común han sido vulnerados paulatinamente (a veces de forma inconsciente, pero consistente) para conseguir precisamente esa dependencia de la que no pueden con sencillez librarse.

CÓMO ROMPER EL VÍNCULO TRAUMÁTICO.

No es un tema fácil y no existe una sola respuesta, en la mayoría de los casos ocurre cuando se ha llegado a un punto tal que la vida de la persona es ya insoportable, está en peligro o son descartados por quien ha abusado sistemáticamente de ellos.

Una persona madura y que puede desarrollar el autocuidado, normalmente tiene una asertividad, empatía, resiliencia y capacidad de introspección suficientes para evitar los abusos desde un inicio.

Sin embargo son características que no necesariamente tenemos bien desarrolladas, y al relacionarnos, principalmente de forma sentimental, podemos ser especialmente vulnerables, ya que bajamos la guardia y podemos vernos justificando situaciones con tal de conservar el vínculo. No es poco común oír cosas como “sufrió mucho en su infancia”, “ha tenido muchas carencias”, “es que yo contradigo sus planes”, y otras que en una relación sana significarían un espacio de crecimiento para la pareja, pero que en una situación manipulativa se usan para alimentar el vínculo traumático y generar culpa en la otra persona.

La culpa es un pegamento insidioso, hace que uno renuncie a su capacidad de autodefensa, ya que la culpa implica una deuda que debe ser pagada y que en estos casos genera intereses y será usada para que hagamos lo que la otra persona quiera. Se establece el deseo de hacer que la relación funcione a como dé lugar.

Romper el vínculo traumático, como dijimos antes, es complicado. Requiere de un cuestionamiento serio de nosotros mismos y de la situación que vivimos. Las distorsiones cognitivas son difíciles de romper y más cuando la relación está viva y es cotidiana.

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Decirle a una persona en esta situación que lo que hace es “indigno”, “tonto”, “absurdo” etcétera, a veces es inútil, ya que aceptar dichos juicios implican una traición o deslealtad, la toma de consciencia debe venir de la prueba de realidad y la coincidencia entre el discurso y los hechos, entre planes no cumplidos contra promesas realizada, riesgos físicos etcétera.

La mejor ayuda para una persona en esta situación viene precisamente del apoyo en cuanto a establecer esta prueba de realidad y a la escucha de otras personas en situaciones similares y que han salido de ellas. Grupos como Codependientes Anónimos son de particular utilidad en este proceso.

Hay que ser conscientes también de las implicaciones más mundanas, que para muchos son difíciles de comprender: dependencia económica, chantajes familiares, uso de los hijos como herramientas de presión, falta de empleo, deudas y otras, en muchos casos inclusive el riesgo de sufrir agresiones o perder la vida.

Esto, aunque le ocurre con más frecuencia a mujeres, también le ocurre a hombres, en este caso a veces es más complicado porque si el estigma de ser víctima para una mujer es mucho, para un hombre es aún mayor.

En todos los casos la ayuda y apoyo terapéutico son fundamentales, aun cuando es difícil que una persona en situación de abuso vaya a terapia antes de ser consciente de que lo está sufriendo. Si va a terapia la persona puede elaborar el tema, planificar qué hacer y encontrar la fortaleza para poder salir de esta situación.

Una persona que fue descartada requiere de especial apoyo, ya que el vínculo traumático esta aumentado por el descarte, pueden ocurrir crisis especialmente peligrosas y traer consigo episodios que no solo pueden ser depresivos, sino maniacos y autodestructivos

En el caso en que una persona decide el rompimiento, también es especialmente importante sostener el convencimiento de que fue la mejor decisión, ya que el abusador puede emprender la empresa de “reconquistar” o convencer de un regreso. Hay que ser conscientes que normalmente los regresos van acompañados de una temporada especialmente buena, pero que rápidamente da lugar a un restablecimiento de la situación previa y al agregado del reproche por el rompimiento.

Como dije antes la terapia es fundamental, la asistencia a grupos de apoyo es muy útil y en muchos casos a terapias especializadas en estrés postraumático. Romper el contacto absolutamente o reducirlo al mínimo cuando hay hijos de por medio u otros vínculos (negocios, deudas, legales etc.) es algo que ayuda a una mejor recuperación, aun cuando tome tiempo.

Ser una víctima es una tragedia, no te avergüences, no compres ese razonamiento de que abusaron de ti todo lo que tu permitiste, no agregues a esa tragedia la culpa de no haber podido protegerte, fuiste engañado, te defraudaron, tu única obligación es la de recuperarte de esa situación.

Asume tu responsabilidad donde la tengas, rompe con la culpa, cambia lo que tengas que cambiar, trabaja en desarrollar tu resiliencia, tu asertividad, tu capacidad de introspección, cuida tu empatía para que no abusen de ella.

Ser una víctima es muy diferente de victimizarte, quien se victimiza esta vendiendo una actuación, inclusive puede estar alimentando el abuso para obtener ventajas. Eso es muy distinto.

Recupera tu fortaleza, tu dignidad, mereces ser feliz y superar los retos y malos momentos que vives o has vivido.

Referencias:

Piñuel Iñaki. Amor Zero, Cómo sobrevivir a los amores con psicópatas. Editorial La esfera de los libros. Madrid 2016.

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